Geriatricarea Bimedica

Estrategia terapéutica para la desnutrición y la sarcopenia

Les ofrecemos un artículo de los estudios sobre disfagia realizados por reputados especialistas y publicados por Nestlé Nutrition Institute en Workshop Series| Vol. 72 bajo el título de “Los peldaños para vivir bien con disfagia”.

Estrategia terapéutica para la desnutrición y la sarcopenia

Autor: Dra. Rosa Burgos Peláez

La sarcopenia (palabra que deriva del griego sarx, carne, y penia, pobreza) es un síndrome que se caracteriza por la pérdida progresiva y generalizada de la masa y la fuerza del músculo esquelético, que conlleva el riesgo de algún tipo de evolución adversa como discapacidad física, disminución de la calidad de vida y muerte. En fecha reciente, el European Working Group on Sarcopenia in the Elderly definió los criterios diagnósticos:

Criterios para el diagnóstico de sarcopenia

Diagnóstico de sarcopenia:

1 Baja masa muscular
2 Fuerza muscular reducida

3 Desempeño físico deficiente

El diagnóstico se basa en la documentación del criterio 1 más el criterio 2 o el criterio 3.

La sarcopenia es uno de los factores contribuyentes principales para la discapacidad y la pérdida de la independencia en los ancianos. La desnutrición y la sarcopenia se interrelacionan con el ciclo de la fragilidad. La pérdida de la masa muscular suele ser consecuencia de los cambios musculoesqueléticos por senescencia que se verifican al avanzar la edad, y se agrava por las enfermedades y se intensifica por la pérdida ponderal.

La sarcopenia implica una reducción de la fuerza muscular, al igual que del gasto energético en reposo y total. Debido a la anorexia que acompaña al envejecimiento, se desarrolla desnutrición crónica, que agrava la sarcopenia.

Geriatricarea desnutrición sarcopenia

La sarcopenia es uno de los principales factores para la discapacidad y la pérdida de la independencia en las personas mayores

Una de las dificultades más importantes para la detección y la vigilancia de la sarcopenia es que no existe una prueba estandarizada para su cuantificación.

Se utilizan distintos métodos diagnósticos, tanto en ámbitos clínicos como de investigación: tomografía computada, imagen por resonancia magnética, absorciometría con rayos X de energía dual y análisis de bioimpedancia, para la cuantificación de la masa muscular; fuerza de prensión de la mano, para valoración de la fuerza muscular; pruebas funcionales para evaluación del desempeño físico. Sin embargo, el valor diagnóstico de la sarcopenia no se encuentra bien definido.

El Working Group on Sarcopenia in Older People sugirió el uso de los valores normales derivados de adultos jóvenes saludables y el establecimiento de un punto de referencia que se ubique dos desviaciones estándares por debajo del valor de referencia promedio para el diagnóstico de sarcopenia.

La etiopatogenia de la sarcopenia es multifactorial y compleja. Se han identificado varios factores que afectan los cambios musculares asociados con el envejecimiento. Por un lado, participan factores genéticos, no obstante no están bien identificados. Por otro lado, las deficiencias de esteroides sexuales que se desarrollan al avanzar la edad tienen impacto tanto sobre el trofismo muscular como del hueso. La disminución de las hormonas sexuales se acompaña de la activación de mediadores inflamatorios, que pueden actuar como citocinas catabólicas en el músculo.

Las deficiencias de hormona del crecimiento también influyen de manera directa sobre la etiopatogenia de la sarcopenia, en sinergia con el incremento de los mediadores inflamatorios y las deficiencias de hormonas gonadales. Las concentraciones de IGF-1 en los adultos mayores muestran una relación inversa con la presencia de sarcopenia, y actúan como factor de protección en los varones.

La pérdida ponderal exacerba la sarcopenia, y genera una pérdida mayor de masa magra en comparación con la de masa adiposa. Por otra parte, en individuos que recuperan el peso perdido, la recuperación suele implicar una proporción mayor de grasa.

Sin embargo, incluso si no existen cambios ponderales, los estudios longitudinales muestran una pérdida progresiva de la masa muscular al avanzar la edad. El ejercicio tiene una relación inversa e independiente con la masa magra, en particular en las mujeres. Sin embargo, la relación entre el ejercicio espontáneo y la masa muscular es difícil de interpretar debido a la asociación que existe entre el ejercicio y el peso corporal.

Se han probado distintas estrategias para el abordaje terapéutico de la sarcopenia, que incluyen:

1 Terapia de restitución con testosterona u otros agentes anabólicos.

2 Terapia de restitución de estrógenos.

3 Terapia de restitución de hormona del crecimiento humano.

4 Entrenamiento con peso (de fuerza).

5 Tratamiento nutricio.

6 Intervenciones sobre las citocinas y la función inmunitaria

El tratamiento con testosterona y hormona del crecimiento humano incrementan la masa corporal muscular en varones con hipogonadismo o en individuos con deficiencia de la hormona del crecimiento humano, pero estos resultados no van acompañados de un mejoramiento funcional, en tanto sus efectos colaterales son inquietantes. La terapia a corto y largo plazo con estrógenos en mujeres posmenopáusicas tiene resultados inconstantes en relación con la masa muscular.

De todas las opciones terapéuticas disponibles, sólo el entrenamiento con peso con o sin complementación nutricia demostró eficacia para el incremento de la masa musculoesquelética. El entrenamiento con peso en los ancianos incrementa la masa muscular, la fuerza muscular, el equilibrio y la resistencia. El entrenamiento con peso es mejor para incrementar la fuerza y la masa musculares que el entrenamiento de resistencia.

El ejercicio debe ir acompañado por un consumo proteínico suficiente. Algunos estudios demostraron la existencia de sinergia entre la complementación proteica y el ejercicio físico, y es posible que el consumo proteínico insuficiente haya impedido obtener mejores resultados con el ejercicio.

El tratamiento nutricio se concentra en incrementar o modificar el contenido de proteínas de la dieta. Con la evidencia actual, se sabe que un consumo proteínico superior a la ingesta diaria recomendada puede mejorar la masa muscular, la fuerza y el desempeño en los ancianos. Por tanto, en ausencia de contraindicaciones, el consumo de proteínas debe ser cercano a 1.5 g/kg/día.

Los estudios en que se combina el uso de complementos de proteínas y ejercicio obtienen los mejores resultados al administrar los complementos de inmediato tras el ejercicio. Sin embargo, el uso de complementos de proteínas sin ejercicio no tiene efecto alguno sobre la masa muscular. En la actualidad, se analiza el papel de la vitamina D en la patogenia de la sarcopenia.


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Publicado en: A fondo, Opinión

Sobre el autor:

GeriatricArea es una publicación digital editada por Comunicación y Cía que se dirige a los profesionales del sector sociosanitario.

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