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Parkinson y Depresión

Un artículo de Alicia Chica García
Psicóloga del centro residencial EntreÁlamos

La depresión es un síntoma no-motor poco reconocido, ya que al menos un 45% de los enfermos de Parkinson padecen depresión y tiene un gran impacto sobre la calidad de vida. Hay una mayor prevalencia en mujeres que en hombres, y sobre todo se asocia a un inicio temprano de la enfermedad. La ansiedad, la irritabilidad y el pesimismo, así como las ideas de suicidio son síntomas frecuentes.

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Mantenerse lo más activo posible ayuda a mejorar el estado de ánimo de las personas que padecen Parkinson

Las causas, en gran parte se deben a la incapacidad que la misma enfermedad ocasiona y a la dificultad para adaptarse a los cambios que conlleva, así como a los efectos de la medicación;  pero además hay una causa biológica, es decir, que es un síntoma más del propio Parkinson, sobre todo debido a alteraciones en los neurotransmisores (sustancias que permiten información entre las neuronas). En un 25 % de los casos, los síntomas depresivos aparecen antes que los motores, por lo que no hay diferencia entre los diferentes estadíos.

El apoyo social es fundamental para reducir los síntomas de ansiedad y depresión, por lo que es fundamental mantener unas buenas relaciones entre la familia, la pareja, y los amigos, asi como la percepción que el enfermo tenga de la disponibilidad y ayuda de las personas significativas en su vida. Pero hay que tener en cuenta que habitualmente son los familiares los que asumen el cuidado y que esto puede suponer un estrés elevado, lo que podría alterar la vida del cuidador y provocar los trastornos del estado de ánimo, tanto del paciente como del cuidador principal. Por tanto, el apoyo social debe ser más amplio que el estrictamente familiar.

El apoyo social organizado a través de asociaciones de pacientes con enfermedad de Parkinson podría ser una forma apropiada para expresar y compartir problemas y experiencias.

Algunas otras recomendaciones para prevenir, controlar y/o reducir los problemas emocionales son las siguientes:

    • Centrarse en el “aquí y ahora”, en vez de en “cómo era su vida antes de la enfermedad” o en “cómo será en el futuro”.

 

    • Identificar los momentos del día en los que se encuentra mejor, y concéntrese en “las cosas que van bien”.

 

    • Mantenerse lo más activo posible (física y mentalmente), teniendo en cuenta sus dificultades, aprovechando los momentos “buenos”.

 

    • Practicar ejercicios de relajación y respiración, de gran utilidad en los momentos “malos”.

 

    • Prevenir el estrés siguiendo un estilo de vida saludable: mantener una dieta adecuada, descansar lo suficiente, realizar ejercicio físico regular y no abusar de substancias tóxicas (tabaco, alcohol, café, …).

 

  • Comunicarse con el médico y pregúntele sus dudas, explicar cómo se siente y qué le preocupa. Seguir las recomendaciones médicas y evitar automedicarse.


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Publicado en: A fondo, Opinión

Sobre el autor:

GeriatricArea es una publicación digital editada por Comunicación y Cía que se dirige a los profesionales del sector sociosanitario.

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