Victoria Eugenia Criado Montoya,
Odontólogo-Periodoncista. Profesora de la Cátedra de Periodoncia de la Facultad de Odontología de la Universidad Central de Venezuela
Con el aumento de la esperanza de vida, se ha generado un alto grado de atención sobre la calidad de vida de la población adulta mayor. Sin embargo, esto no ha optimizado el proceso de envejecimiento, ya que, la sociedad mundial continúa aceptando que el deterioro bucal y la pérdida dentaria son inevitables y van ligados al envejecimiento, por lo tanto, se adaptan a ellos.1En este sentido, se reconoce que una buena salud bucodental es un factor crucial en un envejecimiento saludable y se ha asociado con un mejor bienestar general, entre los adultos mayores.2
Las estructuras bucales sufren cambios propios del envejecimiento, pero la pérdida parcial o total de los dientes no son propios de la edad, sino un indicativo del mal cuidado de la salud bucal del paciente a lo largo de la vida, probablemente por no tener hábitos saludables. Estos y el estilo de vida que adoptemos, pueden tener un efecto significativo en nuestra salud oral y sistémica.3
La evidencia científica actual apunta a que la prevención y el tratamiento de las diferentes patologías orales, ha demostrado una mejoría en los parámetros de la salud general como son: la disminución de inflamación sistémica, la reducción de los eventos cardiovasculares, un mejor control de la diabetes y de la tensión arterial, entre otros beneficios.4

Hábitos saludables y su impacto en la salud bucal
– Higiene Bucal
Uno de los hábitos más importantes para mantener una buena salud oral es la higiene bucal, a través de un correcto cepillado dental, que puede realizarse con cepillos manuales y/o eléctricos.5
Los dientes deben lavarse al menos dos veces al día, por la mañana y por la noche. Cada cepillado debe durar de dos a cuatro minutos, y es importante usar el hilo dental para eliminar la biopelícula del área interdental, así como higienizar la lengua.6
Es recomendable cepillarse con pastas dentales y usar enjuagues bucales, que tienen componentes y antimicrobianos tales como: los fluoruros, el gluconato de clorhexidina, los aceites esenciales, el cloruro de cetilpiridinio, el fluoruro de estaño, entre otros, que ayudan a prevenir la caries y la enfermedad periodontal.7,8
De Oliveira y colaboradores subrayan la urgente necesidad de hacer intervenciones específicas para mejorar la educación en materia de salud bucodental, la higiene oral, las visitas al odontólogo y aumentar el acceso a los servicios de atención dental para las personas mayores, y optimizar así la calidad de vida y el bienestar general de la población envejecida.9
– Dieta Saludable
Existe una relación bidireccional entre lo que comemos y la salud bucal. Y es que no sólo la dieta y la nutrición afectan a la salud de los tejidos bucales, sino que el propio estado bucal puede interferir en el consumo de los nutrientes.
Las bacterias en nuestra boca se alimentan de los azúcares refinados y producen ácidos que erosionan el esmalte dental, provocando la formación de caries dental.10 La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda limitar el uso de azúcares libres a menos del 10% de la ingesta calórica total, señalando que una reducción adicional por debajo del 5%, es aún más beneficiosa para la salud bucal.11
Una mala alimentación puede causar, entre otros trastornos, un considerable aumento de la inflamación en el organismo; un evento que está en el origen de muchas enfermedades crónicas no transmisibles como: la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y también la periodontitis.12 Por eso, hay que evitar alimentos que sean proinflamatorios como los azúcares refinados, las grasas saturadas y las trans.13
Dado el carácter multifactorial de las enfermedades periodontales, resulta más complejo discernir el impacto específico que tiene la alimentación en su aparición. Una dieta rica en azúcares refinados o grasas saturadas provocará una elevación en la circulación general, de una gran cantidad de productos de la inflamación y de radicales de oxígeno.12,13 Todo esto da lugar a una situación de estrés oxidativo, impactando de manera negativa en la respuesta inflamatoria a nivel sistémico, así como en la respuesta local en los tejidos periodontales.
El tejido gingival tiene una de las tasas de recambio más altas del cuerpo humano y las proteínas son la clave para mantener dicho recambio. Una dieta rica en proteínas y nutrientes esenciales como las vitaminas y los minerales, protege contra las enfermedades periodontales y promueve una buena salud bucodental.
La evidencia sugiere que adoptar una dieta basada en alimentos integrales, baja en azúcares añadidos y rica en productos lácteos, frutas, verduras y granos enteros, puede reducir significativamente el riesgo de enfermedades bucales. Estos hallazgos destacan la importancia de integrar el asesoramiento dietético, en las estrategias de prevención en odontología, para mejorar la salud oral de los pacientes.13

– Consulta al Odontólogo
Es importante tener consultas odontológicas regulares. Las limpiezas profesionales son tan esenciales como el cepillado y el uso del hilo dental en la casa. Los exámenes periódicos, pueden identificar problemas en una etapa temprana y prevenir tratamientos más complicados.
La periodicidad entre estas sesiones de mantenimiento de un paciente tratado por periodontitis, suele ser de tres a cuatro meses. Ésta se basa en la patogenicidad de la biopelícula dental, la calidad de la higiene oral que mantenga el paciente y la extensión de la enfermedad.15
Desde la consulta dental, es fundamental el reconocimiento y control de algunos hábitos no saludables, que se convierten en factores de riesgo para enfermedades bucales y sistémicas como pueden ser: el tabaquismo, el sobrepeso, el sedentarismo, el estrés, el alcoholismo o seguir una dieta no saludable.4
– Hábitos No Saludables
El tabaquismo y la enfermedad periodontal están estrechamente vinculados. En pacientes fumadores, el tabaco actúa directamente sobre los tejidos periodontales y es un factor de riesgo para el desarrollo de esta patología. Los fumadores tienen un riesgo tres veces mayor de sufrir periodontitis que los no fumadores.
La cavidad oral es el primer tejido en encontrarse con el humo del cigarrillo; por ende, todos los tejidos incluidos los dientes, las mucosas, las glándulas salivales y el periodonto, se ven afectados y, además, puede causar cáncer oral.
Bergstrom y colaboradores informaron que la salud periodontal fue peor en los fumadores y el resultado de la terapia periodontal también se vio alterado, por lo que el diagnóstico temprano puede ser beneficioso para minimizar el daño de la periodontitis.16
Los síntomas clínicos en fumadores son, disminución de los vasos sanguíneos gingivales, disminución de la temperatura subgingival, disminución del flujo del fluido crevicular y el sangramiento al sondaje. El tabaco puede restringir el flujo de sangre a las encías, lo que limita la cantidad de nutrientes y oxígeno que llegan a estos tejidos. Los estudios evidencian que los fumadores tenían mayor pérdida de inserción, mayor profundidad al sondaje y más elevado el índice de biopelícula dental que los no fumadores.17,18
La salud bucal puede verse gravemente comprometida por el consumo regular de bebidas alcohólicas, y está vinculado a un mayor riesgo de padecer cáncer oral. Las investigaciones han demostrado que el alcohol puede dañar el ADN de las células en la boca, lo que aumenta la probabilidad de que se desarrollen células cancerosas. Este riesgo se ve amplificado en personas que combinan el consumo de alcohol con el hábito de fumar.19
Uno de los principales efectos negativos del alcohol es la sequedad bucal (xerostomía). Es un agente deshidratante que reduce la producción de saliva; ésta juega un papel esencial en la protección de los dientes y las encías al neutralizar los ácidos y ayudar a eliminar las partículas de alimentos; creándose un ambiente ideal para la proliferación de bacterias, lo que aumenta el riesgo de caries, enfermedad periodontal y mal aliento.20
La ansiedad o el miedo dental es un fenómeno psicológico generalizado que afecta a una parte sustancial de la población en todo el mundo, lo que a menudo conduce a evitar la búsqueda de atención dental. Las personas con ansiedad dental pueden experimentar desafíos considerables para cumplir con sus prácticas diarias de cuidado bucal y sus citas al odontólogo, generando un círculo vicioso de vergüenza, deterioro de la salud bucal y evasión de los tratamientos necesarios. Por lo tanto, es crucial introducir programas de prevención específicos desde la primera infancia, para aliviar los miedos y, potencialmente, prevenir el desarrollo de la ansiedad dental.21
Conclusión
Adoptar hábitos de vida saludables termina por incidir de forma muy positiva en la salud oral; igualmente, un cuidado bucal óptimo colabora en la consecución de una mejor salud general. Sabemos que un estilo de vida equilibrado es fundamental para mantener una salud bucal óptima. Los hábitos diarios que eliges, desde lo que comes hasta cómo gestionas el estrés, influyen en la salud de tus dientes y encías.
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