Un artículo de Arianna Núñez,
especialista de proyectos de Tunstall España

Hay gestos cotidianos que sostienen nuestra salud sin que apenas reparemos en ellos. Caminar cada mañana hasta la panadería, compartir un café con las amigas, recordar beber agua cuando el calor aprieta o descansar lo suficiente para afrontar el día con energía. Pero, ¿qué ocurre cuando estos pequeños hábitos empiezan a desdibujarse? A veces, el paso del tiempo introduce cambios imperceptibles que pueden afectar al bienestar. Aquí es donde la tecnología, y en particular la teleasistencia, se convierten en una presencia silenciosa pero esencial.

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El verdadero valor de la teleasistencia está en la prevención y el acompañamiento diario

En este contexto, la teleasistencia se ha convertido en una red de apoyo que nos cuida sin alterar nuestra rutina. Sensores de movimiento, plataformas digitales y llamadas periódicas pueden advertirnos de que algo no va bien antes incluso de que lo notemos. Un descenso en la actividad física, cambios en los horarios de sueño o menos interacciones sociales son señales que la teleasistencia puede captar y transformar en una llamada de atención afectuosa.

No se trata de supervisión, sino de compañía. Como esa amiga que se da cuenta de que últimamente salimos menos de casa o que hemos dejado de ir a nuestra cafetería favorita. El personal de teleasistencia al otro lado del teléfono nos preguntará con calidez si todo va bien, y quizás, con esa conversación, nos ayude a retomar hábitos que habíamos dejado atrás casi sin darnos cuenta.

Aunque solemos pensar en la teleasistencia como un recurso para emergencias, su verdadero valor está en la prevención y el acompañamiento diario. No espera a que algo grave ocurra, sino que actúa antes. Algunas de sus herramientas más valiosas incluyen recomendaciones sobre hábitos saludables, como guiños a la buena alimentación, al descanso; o a mantener una vida activa física y socialmente.

La teleasistencia ahora es una red discreta que nos anima, nos cuida y nos recuerda que nunca estamos solos ni solas. La combinación entre la calidez humana y el avance tecnológico nos permite construir un presente más saludable y un futuro en el que los buenos hábitos sean, simplemente, una parte natural de nuestra vida.

Porque envejecer bien no es cuestión de suerte, sino de pequeñas decisiones diarias. Y si alguna vez nos olvidamos de tomarlas, siempre habrá una voz al otro lado recordándonos con cariño que es hora de volver a cuidarnos.