Geriatricarea Tunstall

El Imserso desarrolla un Protocolo de Actuación contra la Violencia de Género

El Imserso ha desarrollado un Protocolo de Actuación contra la Violencia de Género en sus centros, que tiene como objetivo contribuir a mejorar la respuesta institucional en relación con la prevención, detección y atención de la violencia de género entre las usuarias de los centros del Imserso, que son en su mayoría mujeres con discapacidad y/o mujeres mayores de 65 años.

Geriatricarea Protocolo de Actuación contra la Violencia de Género Imserso

Las mujeres mayores de 65 años de edad y con discapacidad pueden tener mayor riesgo de sufrir violencia de género

Esta publicación se enmarca dentro de la “Estrategia Nacional para la Erradicación de la Violencia contra la Mujer” (2013-2016), que establece como tercer objetivo general la “atención a los menores y a las mujeres especialmente vulnerables a la violencia de género”. Dentro de este objetivo se incluyen diversas medidas dirigidas tanto a las mujeres con discapacidad como a las mujeres mayores de 65 años.

Este documento es fruto del trabajo conjunto y de la colaboración interinstitucional entre el Instituto de Mayores y Servicios Sociales (Imserso) y la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género (DGVG) y establece pautas de actuación para la prevención, detección, atención y protección de casos de violencia de género. En este sentido, aborda la violencia que sufren algunas mujeres por parte de sus parejas o exparejas, tanto respecto de relaciones previas a la asistencia/ingreso en los centros como en relación con las parejas que puedan formarse en el propio centro.

Además, aunque la violencia de género presenta causas, características y consecuencias comunes, es este documento se recalca que algunas mujeres, por sus circunstancias personales y sociales, pueden tener mayor riesgo de sufrir este tipo de violencia, otras pueden tener mayores dificultades para salir de ella, y hay quienes pueden encontrar más impedimentos para acceder a los servicios de atención especializada puestos a su disposición. Entre ellas se encuentran las mujeres mayores de 65 años de edad y las mujeres con discapacidad, un grupo poblacional en el que, tal y como se señala en este protocolo, confluyen diversos factores que deben tenerse en cuenta:

    • Diversidad de mujeres. Con carácter previo debe advertirse que ni las mujeres mayores de 65 años ni las mujeres con discapacidad forman un colectivo homogéneo, sino que hay una gran diversidad de mujeres mayores y una gran variedad de mujeres con discapacidad. Si, por ejemplo, no se tienen en cuenta los diferentes tipos de discapacidad existentes, se puede estar contribuyendo a aumentar la posible discriminación a la que pueden estar expuestas.

 

    • Doble discriminación. Tanto las mujeres mayores de 65 años como las mujeres con discapacidad están consideradas como un grupo especialmente vulnerable porque pueden estar expuestas a una doble discriminación: por un lado, a una discriminación por razón de sexo; por otra, a una discriminación por razón de edad y/o por tener una discapacidad.

 

    • Cronificación y normalización. Asimismo, las situaciones de convivencia prolongadas con el agresor suelen llevar a la cronificación y normalización de la violencia de género. Estas mujeres han podido sufrir maltrato durante muchos años y no haber sido conscientes de ello, pudiendo haber desarrollado diferentes sentimientos de indefensión, incapacidad e impotencia que les impide plantearse alternativas a su situación.

 

    • Dependencia del agresor. Otro factor frecuente es el de la dependencia del agresor. En el caso de las mujeres mayores, este tipo de dependencia suele ser económica, lo que en muchos casos impide que las mujeres se planteen como posibilidad la separación o la ruptura de la relación y el inicio de una vida autónoma, independiente y libre de violencia. En el caso de las mujeres con discapacidad, suelen tener una mayor dependencia hacia el apoyo de otras personas, en especial hacia quien las está maltratando, que suele ejercer el papel de “cuidador” y, por tanto, también tienen mayores dificultades para abandonarle. La dependencia económica también se ve agravada, en muchos casos, por los problemas añadidos de muchas de ellas para encontrar un empleo. Además, por estos motivos suele haber mucha violencia económica.

 

  • Entorno familiar. En otras ocasiones, las mujeres mayores que se plantean la separación de su agresor pueden no recibir un apoyo suficiente por parte de sus hijos e hijas o incluso pueden ser culpabilizadas o animadas a que desistan de ello. En ocasiones, sus hijos pueden valorar prioritariamente no el bienestar de su madre, sino la situación en la que quedará su padre, que no ha desarrollado ninguna habilidad para su autonomía en la vida cotidiana y cuyo cuidado podría recaer sobre ellos. La conciencia de las mujeres sobre esta situación contribuye también a que renuncien a la separación como una posibilidad. En el caso de las mujeres con discapacidad, pueden tener miedo a ser abandonadas, a no tener a alguien que las “cuide” si denuncian el maltrato.

Desde el Imserso que hace especial hincapié en que todos estos factores hacen necesario establecer mecanismos de protección y seguridad que tengan en cuenta las particularidades que presenta la violencia de género entre las mujeres mayores de 65 años y las mujeres con discapacidad para proporcionar una respuesta institucional eficaz y adecuada a sus circunstancias personales y sociales.

Los interesados pueden consultar y descargar este Protocolo de Actuación contra la Violencia de Género aquí.


¿Quiere leer más artículos como este? Reciba gratis nuestro newsletter. ¡Suscríbase!


Publicado en: Actualidad

Sobre el autor:

GeriatricArea es una publicación digital editada por Comunicación y Cía que se dirige a los profesionales del sector sociosanitario.

Escribe un comentario

*